Diakonia - gente que cambia el mundo

El circo de la alegría

- Nosotros trabajamos con los niños y jóvenes para cambiar su historia, para que no se repita lo que mis papás han vivido, dice Carlos, un líder de 22 años en su comunidad en Tierralta, Colombia. El hace parte del proyecto “El circo de la alegría” realizado por nuestra socia Benposta, en cual coordina un grupo de niños que aprenden sobre sus derechos a través del circo, para apoyar en cada uno el descubrimiento de su fuerza interior.

- Mis papás fueron desplazados hasta aquí por la violencia y el proyecto hidroeléctrico Urrá. Yo nací acá en el pueblo. Soy segunda generación de desplazados. Nos dieron estas casas como compensación por el desplazamiento, pero la tierra acá no es para nada lo mismo como dónde mis papás vivían. Acá no es igual de fértil. Muchas personas tienen muy malas experiencias e historias fuertes, nos cuenta Carlos.

Tierralta, una población en los linderos de un Parque Natural Nacional en el norte de Colombia, en donde vive Carlos es una comunidad de familias desplazadas que han sufrido mucha violencia por el conflicto armado y la presencia de grupos paramilitares. Entre estas familias hay tantos niñxs y jóvenes que han sufrido mucho, excluidos de la sociedad.

La organización Benposta tiene 20 años de experiencia trabajando en esta zona, con el propçosito de trabajar por la participación y empoderamiento de niñxs y jóvenes. Carlos recuerda la primera vez que conoció a la organización. Él tenía 9 años, y comenzó a unirse a sus actividades del fútbol.

- Vinieron los chicos de Benposta y jugaron fútbol con nosotros los fines de semana. Con mis amigos participábamos. En las pausas nos contaban sobre nuestros derechos, explica Carlos, que en este momento no estaba tan interesado en convertirse en un líder social. Pero con el fútbol y el conocimiento de sus derechos, el interés por hacer la diferencia para los demás creció, y con el tiempo su actitud cambió.

- Cuando fui aprendiendo sobre mis derechos empecé a interesarme más. Ahora me estoy capacitando a través de un diplomado de Benposta sobre derechos humanos, género y paz. Lo que aprendo allí lo replico con los chicos aquí. La idea es que el conocimiento crezca. 

Además de capacitar a través de un diplomado, Carlos hace parte del proyecto “El circo de la alegría” realizado por Benposta. Un proyecto en que niñxs y jóvenes aprenden sobre sus derechos a través del circo y la acrobacia.

- El circo se llama "el circo de la alegría – el sueño continua", porque necesitamos mantener el sueño de que es posible vivir en paz y con derechos, dice Carlos.

Carlos y los niñxs ya llevan dos años de práctica, haciendo dos clases de circo a la semana, con la idea de que los niños aprendan pero también que sea divertido. Esta combinación de circo y derechos humanos es un éxito, si escuchas a los niños.

- Yo vivo cerca y un día pasé por acá cuando estaban entrenando y me preguntaron si quería participar. Hemos aprendido mucho y es muy divertido. Lo que más me gusta es la acrobacia, dice David, 10 años. 

En la foto están los participantes David y Juan frente a uno de los murales que han pintado con mensajes de paz y democracia. Tal vez las clases de circo y derechos humanos pueden tener el mismo efecto en David y Juan que tuvieron en Carlos. Que ellos puedan informarse sobre sus derechos y tener la capacidad de tomar decisiones sobre sus propias vidas, y que no les dan miedo levantar sus voces.

Los niñxs y los jóvenes son sujetos sociales de derechos con quienes trabajamos para formar en ellos el reconocimiento de su liderazgo como individuales con derechos fundamentales.

- Es importante que haya liderazgo de jóvenes. Muchas veces no nos tienen en cuenta a los jóvenes en los temas importantes. Por eso necesitamos aprender a levantar nuestras voces, concluye Carlos.