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Jose Bailaba Parapaino es uno de los lideres indigenas en Bolivia.

Bolivia: "Hoy soy un sujeto no un objeto"

Unos kilómetros afuera de Concepción en Bolivia, se encuentra la comunidad Santa Rita. Un pueblo pequeño rodeado por la vegetación tropical que prospera en este clima cálido. Aquí viven los indígenas Chiquitano desde hace generaciones. 

27/08/2015 Editor: Victoria Gillberg

Hoy el pueblo está tranquilo y silencioso y la calma se interrumpe solamente por unos pocos grillos y pájaros que se escuchan entre los árboles. Pero es una calma engañosa. No siempre ha sido así.

 "Hemos llegado aquí por la lucha que hemos llevado a cabo hasta hoy.", cuenta José Bailaba Parrapaino.

Su pelo negro tiene líneas blancas y enmarca una cara con ojos cariñosos. Un cariño que ni su experiencia dura ha podido cambiar. José es uno de muchos que todavía puede contar de un tiempo pasado en Bolivia, un tiempo no tan distante. Cuando la esclavitud era una realidad.

"Durante dos años trabaje en la propiedad del patrón. Trabajando allí afuera en el campo pensaba que esto no era justo. Que no podía seguir así y que necesitábamos un cambio."

Esclavos en Bolivia

Hace solamente unas décadas era prácticamente imposible moverse libremente si eras indígena. Para evitar ser detenido o acosado por la policía se necesitaba permisos especiales.

"Sin estos, la policía te podía detener sin explicar porque no teníamos conocimiento sobre nuestros derechos, no podíamos hacer nada. Así usaban el miedo para hacernos obedecer."

Muchos harían la comparación con la segregación racial que se vivió en el Sudáfrica de Apartheid. El patrón compraba los permisos de las autoridades y para que los indígenas los consigan tenían que trabajar para el patrón.

"El patrón elegía la comunidad que él quería trabaje por el. Por un permiso teníamos que trabajar cien metros cuadrados de terreno sacando troncos y todo tipo de vegetación.", cuenta José y sigue.

"Todo el trabajo se hacía con hacha o machete. Imagínate la cantidad de árboles en un terreno como ese. Nos tomaba más o menos 30 días para cumplir con el trabajo. Era muy pesado."

Una lucha por sus derechos humanos

Los indígenas que trabajaban el terreno tenían que llevar su propia alimentación y herramientas para completar el trabajo. Se tenía que madrugar para caminar los kilómetros desde su hogar al terreno del patrón. Algunos cuentan con distancias entre 40-50 kilómetros que diariamente se tenían que caminar para después seguir el trabajo en el terreno. Diego Faldín es uno de los líderes en Santa Rita que junto con Diakonia y su coparte OICH (Organización Indígena Chiquitana), ha luchado por la justicia e igualdad para los pueblos indígenas en el país, él explica.

 "Nos ponían entre la espada y la cruz. Las autoridades nos amenazaban con cárcel si no cumplíamos con el trabajo y la iglesia con el castigo de Dios. El problema era que estos mismos eran los patrones o tenían relaciones con los patrones."

OICH ha completado un trabajo a largo plazo que se centra en la formación y el fortalecimiento de liderazgo en las comunidades indígena. Como uno de los líderes del pueblo Chiquitano Diego ha participado en varias manifestaciones para exigir igualdad y el derecho a la tierra, para su gente.

"Hemos tenido que combatir muchos prejuicios, odio y violencia pero es dialogando que hemos tenido éxito. No solamente conociendo nuestros derechos pero también exigiéndolos."

Diego y José han sido detenidos por la policía varias veces, pero a pesar de las adversidades los logros han sido varios, uno de los más grandes fue José electo como primer diputado nacional indígena del parlamento. Eso también fue un gran desafío.

"Era difícil. Yo entre todos estos congresistas con uniforme y corbata. Cuando llegamos en nuestros trajes tradicionales no nos querían dejar entrar las cinco primeras veces. Querían obligarnos ser algo que no éramos, pero podíamos decir que éramos como ellos, elegidos también, yo fui elegido por el pueblo. Hoy hemos quebrado con eso y hemos ganado el derecho de ser diferentes pero ser tratados por igual."

La esclavitud sigue

Aunque se ha llegado lejos en la lucha por los derechos humanos e igualdad en un país que en hoy se identifica como plurinacional, todavía existen muchos prejuicios y racismo especialmente contra minoridades indígenas.

"La esclavitud todavía existe, solamente ha tomado otra forma. Lamentablemente muchos siguen siendo víctimas." cuenta Diego Faldín y sigue.

"El problema no es solamente que no se cumple con la ley sino también que no se en fuerza lo cual significa que mucha gente trabaja por menos del salario mínimo o no reciben ningún salario por el trabajo completado porque el empresario desaparece o simplemente niega pagar."

Para José esto sigue siendo un fantasma del pasado, uno que recuerda de la discriminación que aunque sigue viviendo en la sociedad de la misma forma que vive en la memoria del pueblo indígena. Una memoria que él prefería dejar en su pasado.

"No estar con mi familia fue lo peor. No quiero que las próximas generaciones, las generaciones que vienen tengan que sufrir lo que nosotros sufrimos. Es por eso que tenemos que mantener la memoria viva y que también tenemos una responsabilidad de conocer nuestros derechos."