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El es Víctor Flores que en hoy sigue trabajando como profesor en su pueblo.

Víctor Flores; Un hombre que cambió su comunidad

La comunidad de Santa Clara de la Estrella se encuentra ubicada a 200 kilómetros de San Ignacio de Velasco, la ciudad más grande del este de Bolivia próxima a la frontera con el Brasil. Esta comunidad es habitada por indígenas chiquitanos y es una de las puertas de ingreso al Territorio Indígena Monte Verde.

04/03/2015 Editor: Daniel S Ogalde

Hace 15 años, la comunidad de Santa Clara de la Estrella experimentó un fenómeno singular e inesperado: habitantes de comunidades campesinas de la provincia Chayanta en el norte de Potosí (en el occidente de Bolivia) llegaban a las proximidades de la comunidad para asentarse en busca de mejores oportunidades económicas y nuevas oportunidades de vida, pues en su lugar de origen una fuerte sequía había exterminado los pocos nutrientes de la tierra haciendo imposible la subsistencia por la actividad agrícola. 

Víctor Flores, era muy joven cuando llegó a Santa Clara acompañando a su familia en el éxodo desde el Altiplano a la Amazonía boliviana. En su estadía en el internado, Víctor había aprendido a leer y escribir en español fluidamente.

“Al principio fue duro, quienes llegábamos no teníamos mucha información sobre el lugar y costaba bastante comunicarse o siquiera acercarse a los hermanos y hermanas indígenas del lugar, porque no hablábamos el mismo idioma, pocos de nosotros sabían español y casi con señas nos comunicábamos. Eso ha provocado malos entendidos entre quienes llegamos y quienes vivían aquí, como no podíamos hablar entre nosotros, ellos pensaban que nosotros queríamos echarlos y quedarnos con sus tierras y no era así, sólo queríamos información de dónde podíamos poner la comunidad sin perjudicar a nadie.”

Un período duro

El período de asentamiento de las nuevas familias fue bastante duro, en el lugar no encontraron agua suficiente y en la comunidad no existía provisión de servicios de educación, energía, telecomunicaciones, agua potable y alcantarillado. Las primeras casas de las familias migrantes no se parecían a las viviendas de las familias chiquitanas y las altas temperaturas de la región causaron bastantes problemas de salud a las familias que llegaban a la zona pues ellas procedían de los fríos altiplánicos.

Después de un proceso inicial de construcción y ordenamiento de una segunda comunidad en las proximidades de la comunidad Santa Clara, las familias decidieron que Víctor pueda fungir transitoriamente como profesor de la comunidad, aún sin escuela o ambiente, para que los niños y niñas pudieran aprender a hablar español.

“Entonces empecé con las clases, sin pizarrón, ni ambiente, sin tener título de profesor, apoyando en eso a la nueva comunidad. Empezamos con las clases en una arboleda con casi 40 niños y niñas. Durante las explicaciones en los primeros días me di cuenta que había niñas y niños chiquitanos detrás de los árboles que venían a escuchar las clases, pero se escondían, no querían ser vistos.”

Una comunidad

Es así que ambas comunidades, la de chiquitanos asentados en el territorio milenariamente y la nueva de migrantes quechuas se dieron cuenta que a pesar de no comunicarse, ambas atravesaban por los mismos problemas y carencias como la ausencia de profesores que pudieran enseñar, servicios básicos, ambientes para escuela, etc. Es así que Víctor, al notar esta inquietud por aprender de los niños y niñas chiquitanos los invitó a unirse a su grupo.

“Era un grupo muy bonito, todos eran tímidos al principio, las niñas y niños quechua aprendieron más rápido español hablando con los niños chiquitanos y los niños chiquitanos mejoraron su escritura al venir a clases, cuando los padres se dieron cuenta apoyaron en la construcción de la escuela, que debe ser una de las primeras escuelas interculturales en Bolivia, con un solo profesor y tres idiomas en una misma aula.”

La construcción de la escuela marcó un hito de lo que se puede conseguir cuando dos culturas distintas se unen con una misión y con la visión de un mejor futuro.

“Con la construcción de la escuela se terminaron los temores, las susceptibilidades, empezó la convivencia y se dio principio a una verdadera vida en comunidad. Ya con la escuela, llegaron de otras comunidades niños y niñas para aprender, sin saber que la escuela no tenía profesor titular, sino voluntario, claro no había otra escuela en la zona. Después en la escuela otras organizaciones como CIPCA empezaron a capacitar en derechos, nos ayudaron a entender a que teníamos que organizarnos, mejorar, que teníamos derechos y que debíamos ser escuchados. La escuela se volvió centro de capacitación, de reunión, de organización, etc.”

CIPCA, coparte de Diakonia

CIPCA, organización socia del programa Bolivia de Diakonia trabaja actualmente en la comunidad de Santa Clara de la Estrella, apoyando a la gestión territorial conjunta de sus habitantes indígenas, mediante la aplicación de métodos y herramientas para la planificación sostenible del territorio con enfoque de género e interculturalidad que fue elaborada con el apoyo de Diakonia. Asimismo CIPCA trabaja en la promoción de la democracia, los derechos de los pueblos indígenas originarios campesinos (IOC) al interior de las estructuras de representación en el municipio de San Ignacio de Velasco y la diversificación de medios de vida para las familias con un enfoque de justicia social.

Tanto las familias chiquitanas como quechuas apoyaron a Víctor para que pudiera volver a estudiar y convertirse así en profesor titulado y de manera oficial. A su regreso a Santa Clara, esta vez como profesor, Víctor se encontró ya no con dos sino con una única comunidad organizada, y en el centro de ella una Escuela que contaba ya no con una aula sino con ocho ambientes construidos y listos para recibir a lo que sería la 1era Escuela Primaria Intercultural de San Ignacio de Velasco. La comunidad también había construido una casa para Víctor para que pueda quedarse a continuar la labor que había iniciado años antes.

“Ya se ven las primeras parejas y familias de quechuas y chiquitanos, eso es porque en la comunidad no existe desconfianza, no hay prejuicio, se entiende que todo lo que se ha logrado se ha logrado con trabajo de todos porque todos tenemos los mismos derechos, todos somos iguales y todos merecen una oportunidad. Así se han conseguido tantas cosas para la comunidad”