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La fe en la justicia de género

Hoy por hoy, en los países latinoamericanos los actores religiosos principalmente de corte pentecostal en alianza con la iglesia católica, están teniendo un protagonismo importante en los espacios de toma de decisiones, como congresos, cortes, gobiernos y mecanismos internacionales y regionales como ONU, OEA, CSW entre otros. Esto ocurre porque tienen influencia social sobre grandes masas de población que asisten a sus iglesias, lo cual se traduce en votos, que los políticos capitalizan a cambio de negociar agendas gubernamentales principalmente que limitan los derechos de las mujeres y las personas LGBT, con argumentos teológicos y religiosos, desconociendo los estados laicos y los derechos humanos, aunque con discursos parecidos.

27/11/2018

Reconociendo la importante labor social de las iglesias en la reconstrucción del tejido social,  muchas veces aliadas en luchas por el territorio y por el cuidado del medio ambiente, asistencia humanitaria en casos de crisis ya sea por desastres naturales o conflictos armados y los procesos de sanación y reconciliación personal,  si debemos relevar el hecho de que esos discursos excluyentes y discriminatorios fundamentados en lecturas teológicas antiguas y fuera de contexto,  generan oleadas de violencias hacia las mujeres y las personas LGBT.  

A pesar de la existencia de otras voces disidentes dentro de los ámbitos eclesiales y religiosos, incluso pentecostales, con lecturas teológicas más progresistas e inclusivas, las voces que más fuerte se escuchan son las voces fundamentalistas, por su alianza con medios de comunicación masiva, cuyo objetivo ya no es informar sino generar opinión. Estos temas enmarcados en la “ideología de género”, mueven emociones y generan malestares que movilizan a la opinión pública en especial a padres y madres de familia, muchas veces son usados por los gobiernos como cortinas de humo, para ocultar escándalos por corrupción, el avance del extractivismo en la región o la aprobación  de reformas tributarias que amplían la desigualdad e incrementan la pobreza en nuestros países.

La invitación al mundo eclesial progresista es a ponerle fe a la justicia  de género con acciones como:

  1. Reflexionar sobre el uso del sentimiento religioso que están haciendo las altas esferas del poder, la manipulación de la fe con fines principalmente electorales, políticos  y económicos, que no generan paz y reconciliación sino que rompen el tejido social con discriminación, exclusión y violencia a las mujeres, las niñas y las diversidades sexuales.
  2. Se hace urgente una gran alianza entre las comunidades de fe que están a favor de la justicia de género para levantar la voz más fuerte y defender estas poblaciones que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad como Jesús lo hizo en su paso por la tierra. 
  3. Desde los pulpitos se debe condenar toda forma de violencia, discriminación y exclusión por cuestiones de género.
  4. Las iglesias tienen una gran labor social de consejería y sanación, por tanto un rol de alentar a las mujeres, niñas y niños víctimas de violencia intrafamiliar de cualquier índole sexual, física, psicológica, económica a denunciar y buscar justicia. 
  5. También a ejecutar acciones transformativas en las relaciones de poder entre hombres y mujeres, incluyendo a las mujeres en los liderazgos visibles y en los espacios de toma de decisión no solo cuantitativamente hablando, sino con una participación activa de las mujeres en todos los ámbitos eclesiales con voz y voto.
  6. La iglesia debe ser un refugio de protección  para mujeres, niñas y niños que están siendo víctimas de violencia.
  7. Es importante el fortalecimiento de capacidades en perspectiva de género, muchas veces se juzga lo que no se conoce.