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Los huertos urbanos aseguran el acceso a comida y funcionan como un apoyo psicosocial durante la cuarentena.

Huertos urbanos para el bienestar

El curso me ha ayudado a estar positivo a pesar de todo lo que está pasando. Es importante poder desconectarse y sentir la tierra con los dedos, dice Frelin Pineda, quien ha participado en el curso de huertos urbanos.

Nuestra organización socia, Comisión de acción social menonita (CASM), ha trabajado varios años para promocionar la permacultura y los cultivos ecológicos, que permiten mejorar las condiciones de vida de las personas que viven en el campo en Honduras.

Desde finales de marzo hay confinamiento estricto debido al coronavirus. Por ende, CASM ha tenido que ajustar sus actividades a la situación.

 - Tuvimos una reunión con el equipo para ver cómo podíamos ajustar las actividades a la nueva situación. Analizamos y llegamos a la conclusión de que las personas que más necesitan apoyo en este momento son las que viven en áreas urbanas y no en las zonas rurales. Muchas familias han perdido sus ingresos y no tienen para el día a día, ya que no pueden trabajar por el confinamiento, dice Edy Mendez, coordinador en CASM. 

Innovar el trabajo 

Basado en esta realidad, se decidió iniciar un curso digital de huertos urbanos, con enfoque en hortalizas que se pueden cosechar en 20-30 días. Las personas estaban frustradas y deprimidas por el encierro, veían la necesidad de activarse. Muchos tenían estrés por la situación económica y el curso también funcionó como un apoyo psicosocial. 

- Ha sido muy importante para mí poder hacer una pausa en medio de todo. Salir al jardín, sentarse aquí y respirar, dice Silvia Carolina Ramírez, quien participó en el curso.    

Cuando hablamos por videollamada, Silvia nos muestra su jardín.

- Antes tenía unas plantas de mostaza. Ahora sí cultivo de todo. Esta mañana coseché quince pepinos, cuenta riéndose.  

Londin Velazquez, otro participante, cuenta que la situación ha sido difícil para muchas personas, que familiares suyos han perdido el trabajo pero que hay que buscar nuevas formas de seguir adelante.

- Los primeros días de encierro fueron muy difíciles porque todavía teníamos planes. Ya nos hemos acostumbrado. El curso nos dio una semilla de esperanza y nos ayudó a estar ocupados con algo. En mi familia es un proyecto que hemos desarrollado juntos, dice Londin.

Más de 100 personas se inscribieron al curso. No todos pudieron participar en los talleres en vivo por la falta de conexión a internet, pero se generó un chat de whatsapp donde se publicaba toda la información necesaria. El chat también funcionó como un apoyo cuando alguien tenia problemas con sus plantas.

- Ha sido muy lindo ver cómo los participantes comparten sus experiencias en el grupo. Envían fotos de sus plantas y verduras y la comida que hacen con ellos, ha habido una gran solidaridad. En ocasiones, cuando a alguien se le ha muerto una planta, los otros han apoyado, han compartido semillas e incluso se han hecho sistemas de trueque, cuenta MaryEly Arriaga que trabaja en CASM.

Mantenerse positivo

Frelin Pineda trabaja con jóvenes. Él cuenta cómo ha logrado replicar el conocimiento obtenido en el curso, primero a sus compañeros de trabajo y luego con los jóvenes.

- En mi caso, el curso me ha ayudado a mantenerme positivo, a pesar de todo lo que está pasando. Yo tengo muy poco espacio en mi casa, pero con mis padres hemos arreglado para poder cultivar en botellas de plástico, por ejemplo. Las pintamos para que se vean mejor. Hay que ser creativo cuando uno no tiene el espacio, cuenta Frelin.

- Ha sido bueno poder desconectarse un poco de todo lo virtual por lo que estamos viviendo, y sentir la tierra con los dedos, cuenta Frelin.

- El jardín ahora es mi lugar de bienestar. A veces pasamos diez horas allí con mi esposa y mi hija durante los fines de semanas. Pintamos y plantamos. Incluso hacemos picnic. Escuchamos los pájaros e imaginamos que estamos en un parque grande. Da mucha paz, termina Londin.