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Luis Zacarias cuenta que ha sido importante para el formar parte de CEDEHCA. Ahora le falta poco para terminar sus estudios.

”Quiero ser un ejemplo para otros jóvenes de mi pueblo”

La Región Autónoma de la Costa Caribe de Nicaragua es una región habitada por pueblos indígenas y afrodescendientes, población que continuamente ha visto sus derechos vulnerados durante la historia del país. Hoy, cuando la Costa Caribe se encuentra bajo el Estatuto de Autonomía, las instituciones estatales están ausentes . Es la parte más pobre del país y la violencia es alta. Nuestra organización socia, El Centro de Derechos Humanos, Ciudadanos y Autonómicos (CEDEHCA) trabaja con programas de educación para jóvenes, para hacer frente a la cultura de la violencia, el uso de drogas y ofrecer otras opciones.

07/03/2018

Luis Zacarias vive en Tuapí, un pequeño pueblo a las afueras de Bilwi, Municipio de Puerto Cabeza, Región Autónoma de la Costa Caribe Norte. Bajo el sol de la tarde, algunos  jóvenes están jugando fútbol en la cancha del pueblo. Otros están sentados hablando en la escalera de la escuela local. Como todos los edificios aquí, la escuela está pintada de colores fuertes, pero el color ha comenzado a desgastarse desde hace tiempo ya. El día caluroso está llegando a su final.

- Quiero ser un ejemplo para otros jóvenes de mi pueblo, dice Luis, pero es difícil salir adelante cuando uno es de aquí. Ser parte de CEDEHCA ha significado mucho para mí, porque me ayudó a atreverme a postularme para la universidad y a creer en mí mismo. Ahora estoy cerca de terminar mi carrera, continúa.

Fue hace 4 años que CEDEHCA llegó a Tuapí. Desde entonces, Luis ha participado en cursos sobre violencia y derechos sexuales y reproductivos. Ahora el reproduce el conocimiento adquirido en los talleres.

- El compromiso que tengo conmigo mismo y con la organización es apoyar a otros jóvenes en mi pueblo para que no consuman drogas o ejerzan violencia. Es fácil comenzar con drogas, pero es difícil salir de eso. He tenido la suerte de contar con un buen apoyo de mi familia. Aquí hay muchos otros que no lo tienen, dice Luis.

CEDEHCA tiene 25 años de experiencia trabajando por los derechos de los j��venes en la Costa Caribe de Nicaragua. Trabajan en áreas urbanas, pero también en áreas rurales, como en Tupí, con las llamadas "Escuela Móvil de Liderazgo Juvenil Comunitario". Durante sus 25 años, han trabajado con más de tres mil jóvenes.

-La situación de las personas jóvenes es difícil. A menudo están separadas de la sociedad. Nadie les escucha o toma sus puntos de vista en serio. Quienes no participan en ningún proyecto u organización a menudo terminan en círculos negativos de violencia y drogas. Muchos jóvenes no tienen ningún plan o idea de lo que quieren en la vida cuando vienen a nosotros. Podemos ver cambios en quienes participan. Varios están estudiando en la universidad y los embarazos entre menores han disminuido, dice Natzia Molina, Coordinadora de Proyectos de CEDEHCA cuando nos reunimos en la oficina de la organización en Bilwi.

Debido a que muchos de los jóvenes con quienes trabajan no están acostumbrados a estudiar, CEDEHCA utiliza métodos educativos alternativos como la danza, el canto, pintura y el fútbol.

- La violencia ha sido muy fuerte aquí. Todas las mañanas se escuchaban noticias en la radio sobre enfrentamientos que ocurrieron durante la noche. Era el pan de todos los días. Ahora es mejor, pero aún tenemos grandes problemas con las drogas, porque hay muchas  personas que no tienen oportunidades. La vulnerabilidad económica es alta, dice Azael Figueroa que es responsable de uno de los proyectos de arte.

 Azael fue miembro de una pandilla. Llegó a CEDEHCA hace siete años cuando un amigo lo invitó a un taller. Participó y le gustó cómo funciona la organización. Después de un tiempo, se convirtió en voluntario y ahora trabaja tiempo completo para la organización. Dice que trata de compartir sus experiencias y que muchos de los jóvenes con los que trabaja en la actualidad viven en circunstancias muy similares a las que él vivía antes.

 -Creo que nuestro concepto funciona porque somos jóvenes que trabajamos con y para los jóvenes. Aquellos que vienen a nosotros se convierten en líderes ellos mismos. Poseen su conocimiento y comparten sus experiencias con personas de su misma edad. Saben cuáles son las heridas que tienen los otros jóvenes y cómo pueden curarlas. A menudo incluso tienen un mejor contacto del que tenemos nosotros, dice Azael.

Natzia nos cuenta sobre un proyecto en Bilwi en el que participaron jóvenes de dos áreas diferentes. Pandillas que históricamente siempre han sido enemigas.

- Fue difícil porque la mayoría de los jóvenes nunca habían participado en algo parecido antes. Varios de los muchachos usaban drogas y habían estado en la cárcel o tenían convicciones que los estaban esperando. Pero logramos crear un cambio y una comunidad en el grupo a través del arte y el juego. Al final, uno de los chicos preguntó por qué habían sido enemigos antes y nadie podía responderlo. Varios de ellos todavía vienen aquí y continúan siendo parte de la organización, concluye Natzia