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Las mujeres en no solamente Colombia pero en la región son discriminadas por el simple hecho de ser mujeres. Foto: Diakonia Colombia

"Yo crecí con miedo, con temor"

En un pequeño local con paredes blancas y sillas azules de plástico, en el municipio de Yondó, la Red de Mujeres de Magdalena Medio (RMMM) tiene una reunión de su proyecto “La Escuela de Genero”. Alrededor de veinte mujeres de varias edades están sentadas en un círculo. Al empezar la reunión el ambiente está un poco tenso, por nuestra visita. Está muy silencioso, pasa un buen tiempo sin que aún empecemos a hablar, hasta se oye un pequeño ventilador sonar en el rincón del local; el calor es impactante en esta parte del país. 

25/11/2014 Editor: Daniel S Ogalde

Una mujer con trenzas largas es la primera en hablar; dice:

-Yo crecí con miedo, con temor. Me decían tu no sirves para nada, y yo les creía. Ahora sé que tengo derechos y que nosotras, mujeres víctimas de violencia si nos apoyamos entre nosotras- podemos seguir adelante. 

El municipio de Yondó está ubicado en la subregión de Magdalena Medio en el norte de Colombia, posee recursos naturales como oro, petróleo, carbón e inmensas plantaciones palmeras haciendo de este un lugar muy rico. Su ubicación es estratégica para el tráfico de drogas y armas debido al río Magdalena que fluye a través de la región. La guerrilla ELN, los paramilitares y el ejército se disputan el control de la zona con fuerza y agresiones contra la sociedad civil. En consecuencia, muchas mujeres y niñas, en el marco del conflicto armado, han sido víctimas de múltiple formas de violencia basada en género.

Casi todas las mujeres que participan en el programa de la RMMM son desplazadas por causa de la violencia del conflicto. La situación de la región es más segura hoy pero no para las mujeres,  varias de ellas cuentan que la violencia no termina con el conflicto. Una mujer joven con falda de muchos colores dice.

 - A nosotras nos ha tocado duro, hemos superado la violencia del conflicto armado, pero también hemos sobrevivido la guerra que se vive en la casa.

La doble violencia hace que la mayoría de las participantes hoy son mujeres cabezas de familia, asumiendo la plena responsabilidad como proveedoras de sus hijos e hijas. 

-Los hombres de nuestras vidas están muertos o nos han maltratado, ahora nos toca asumir la responsabilidad sola, enfatiza una mujer mayor, que ha vivido el desplazamiento forzado tres veces.

Otra mujer con una voz muy fina sigue, 

-Fui desplazada, cuando llegué acá me puse en el muelle a vender pescado para mantener a mi niño. Ahora estoy viviendo por allí, de lo que puedo hacer, me ha tocado la vida a mi sola pero por suerte ya pude llevar a mi hijo adelante, ya es un hombre y ha terminado el bachillerato.

Desde el año 2012 se está negociando la paz entre el estado Colombiano y las FARC-EP. La participación de las mujeres en la instalación de la Mesa de dialogo en La Habana (Cuba) y las consultas/foros regionales y nacionales para la sociedad no ha sido suficiente,  aunque hoy se reconoce las afectaciones particulares de las mujeres dentro del conflicto y su derecho a la reparación, pero para las mujeres de la Escuela de Genero se trata de algo más allá de ser remuneradas y reconocidas como víctimas, se trata de tomar un espacio en la sociedad que no se los ofrece, de  construir una vida nueva sin dependencia de los hombres, una independencia, donde ellas mismas deciden las reglas.

A la hora del almuerzo salimos todos juntos del local, el calor nos pega de nuevo en la cara cuando caminamos por una vía de tierra roja hacia un restaurante en el corregimiento. Hablamos de temas cotidianos, como la comida típica de la región. En un momento camino al lado de una chica joven, que hace dos años que está participando en la escuela, me dice:

-El apoyo que tenemos entre nosotras es muy fuerte, me ha ayudado a crear un espacio para mí misma que nadie me puede quitar ahora.