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Se ha utilizado la violencia sexual como un arma en el conflicto armado colombiano. María Eugenia fue secuestrada, torturada y explotada sexualmente. Hoy ayuda y apoya a otras víctimas a través de su organización. Foto: Felipe Abondano.

Violencia sexual como arma de guerra

Los cuerpos de las mujeres han servido como botines de guerra en Colombia por todos los grupos armados; la violencia sexual ha sido su arma estratégica. “Sólo quería que se terminara, que me mataran”, dice María Eugenia, que fue secuestrada, torturada y explotada sexualmente durante un año.

15/05/2017

- Si alguien roba mi celular se lo cuento a todo el mundo. Pero si uno es víctima de violencia sexual no se lo cuenta a nadie. Se siente miedo, culpa y vergüenza. Por eso guarda silencio.

María Eugenia tenía 17 años cuando conoció a los hombres que la secuestraron. La amenazaron y le dijeron que matarían a su familia si no les obedecía. La llevaron a un hombre poderoso al que fue entregada como una mercancía.

-Luché, pero cuanto resistía, más duro me golpearon. Sólo quería que se terminara, que me mataran. Me llevaban en diferentes lugares donde había soldados. Sabían muchas cosas sobre mi familia y decían constantemente que los iban a matar. Me torturaron y me violaron, y siempre me amenazaban de muerte. Eran hombres tanto del ejército como paramilitares.

Después de dos intentos de fuga, María Eugenia finalmente logró escapar.

- Los hombres me siguieron y me dijeron que me iban a matar, porque yo ya sabía demasiado. Les prometí que nunca hablaría de lo que había vivido, y por eso he guardado silencio durante tanto tiempo.

Al igual que María Eugenia muchas mujeres que fueron víctimas de violencia sexual en el marco del conflicto armado son amenazadas y no se atreven a hablar por miedo de lo que pueda significar para sus seres queridos.

- Estas cosas se ocultan durante años. Hemos llorado a solas. Muchas de las mujeres que han vivido la violencia sexual sufren de consecuencias muy complejas, tanto físicas como emocionales. Para muchas es difícil avanzar en la vida y nos encerramos en nuestro mundo. Hay tanta estigmatización y miedo de que nuestras familias se distancien de nosotras y que la sociedad nos castigue.

Las victimas empiezan a contar sus historias

A pesar de la dificultad de hablar sobre la violencia sexual, ha habido un cambio importante en Colombia durante los últimos años. Después de que la activista de derechos humanos, Angélica Bello habló públicamente de la violencia sexual de la que había sido víctima, otras mujeres también empezaron a contar sus historias. Muchas de ellas, incluyendo Angélica, recibieron amenazas y ataques después de hablar sobre sus experiencias. Para Angélica al final la presión fue demasiado fuerte y termino suicidándose.

- Angélica ha significado mucho para nosotras, dice María Eugenia, que después de la muerte de su compañera creó una organización llamada  "Mujer, sigue mis pasos" - el nombre se refiere al coraje que tuvo Angélica, al compartir su historia.

El apoyo entre las mujeres es importante

- Es difícil, pero por lo menos ya no estamos solas. Ahora sentimos el apoyo de las otras mujeres que han vivido cosas similares y de las organizaciones que nos apoyan. Yo me siento mucho mejor ahora cuando he comenzado a hablar. Ya no siento tanta culpa, odio y rabia, dice María Eugenia.

La organización Sisma Mujer, socia de Diakonia en Colombia, apoya a las mujeres víctimas de la violencia sexual.

- Sabemos que estos crímenes se cometieron de manera sistemática durante el conflicto. Nosotras trabajamos con mujeres que han sido víctimas, pero la mayoría de ellas no hablan de eso abiertamente. No han denunciado y no quieren hablar. Nuestro deber como organización es apoyarlas para que se empoderen y denuncien. Dice Claudia Mejía, directora de Sisma Mujer.

Importante para la paz

Es importante que se denuncien estos crímenes para poder crear una paz verdadera en Colombia.

-Estamos seguros de que los agresores no van a confesar estos crímenes de manera voluntaria. Pueden reconocer asesinatos brutales, pero no van a reconocer los crímenes de violencia sexuales, es demasiado vergonzoso, en palabras de Claudia Mejía.

La mayoría de los casos de violación registrados durante el conflicto armado colombiano fueron cometidos por grupos paramilitares, pero todos los actores armados han utilizado la violencia sexual como un arma de guerra para plantear miedo y dominar las comunidades.

- Muchas personas que terminan en los grupos armados han sido víctimas de violencia y abuso sexual en sus hogares o en la escuela. Hay muchas razones de por qué las personas dejan sus casas para unirse a un grupo armado, y lo que sucede en la sociedad también sucede en la guerra, aunque de manera más violenta y más cruel, según María Eugenia.

Las violaciones muchas veces resultan en embarazos.

- Ahora, varios de los niños han llegado a la adolescencia, y preguntan sobre sus padres. Muchas mujeres mienten a sus hijos. No quieren contar la verdad. Es demasiado horrible y doloroso contarle a un niño que su padre es un cruel violador, es lo que reflexiona Claudia Mejía.

Violencia sexual como estrategia de guerra 

La violencia sexual se utiliza estratégicamente en las guerras de diferentes maneras. Se ha visto casos donde grupos armados violan a las mujeres para desplazar a familias de sus tierras. Es un método para aterrorizar a las comunidades, controlarlas y humillar al enemigo. Durante el conflicto armado los agresores estaban tranquilos, porque por miedo casi no había denuncias.

- Cuando sentimos que alguien nos apoya y que hay un interés en buscar la verdad y la justicia, ese es el momento que nos da confianza a hablar. Cuando sabemos que no estamos solas. Necesitamos saber que alguien cree en nuestras historias y que no somos culpables por lo que nos ha pasado, propone María Eugenia.

Hay casos de niñas que han tratado de contar sus historias a familiares o a las autoridades, pero nadie les cree.

- Todavía existen actitudes machistas. Muchas personas dicen: “ella lo buscó, mira cómo está vestida”. No puede seguir así, no puede seguir siendo un tabú.  La policía, los abogados y otras personas que reciben a víctimas de violencia sexual también necesitan más capacitación para no reproducir estas ideas, puntualiza María Eugenia.

Ahora su organización hace charlas y talleres en colegios para que los niños y jóvenes se sensibilicen sobre el tema. María Eugenia reflexiona sobre su trabajo:

- Les cuento a los niños que soy víctima de violencia sexual. Los escuchamos y tratamos de hacernos una idea sobre cómo son las vidas de ellos. Muchas veces nos cuentan que han vivido situaciones de violencia sexual pero que no lo quieren contar a nadie. Por eso es tan importante que nosotros, los adultos, hablemos de la violencia sexual, tanto la que se ejerció durante el conflicto armado, como la que pasa en las casas y en los colegios.