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Photo: Markus Marketic

"Si la paz que viene no cura el dolor entonces la guerra seguirá viviendo dentro de la gente"

Colombia, en pleno proceso de negociaciones de paz, con los ojos puestos en un futuro cercano sin guerra, tiene el desafío de pensar en una paz que cure el dolor para que la guerra no quede en los escombros de la vida interior de las personas afectadas, que son millones. Como en otras ocasiones las mujeres señalan el camino para toda la sociedad.

10/05/2015 Editor: Victoria Gillberg

La violencia del conflicto armado colombiano tiene cifras que nos hablan de miles de muertos y heridos, varios millones de víctimas, destrucción de infraestructura, afectación de la vida cotidiana de regiones enteras. Pero el relato más denso y profundo es generalmente invisible, se refiere a la experiencia del dolor, que no siempre puede emerger, que se oculta por miedo, por vergüenza, por incapacidad para expresarlo o porque la vida sigue siendo dura, no hay tiempo para narrar mientras se lucha por la vida.

Lo que han vivido las víctimas, los sobrevivientes de la barbarie, está ligado a la humillación, a la perdida muchas veces irreparable y a la culpa. Humillación porque la violencia degrada a las víctimas a la condición de objetos, no se les reconoce en los actos de violencia su condición de seres humanos, su dignidad como personas. Pérdida porque la vida se trastocó radicalmente por la muerte de seres queridos, porque se alteraron las condiciones de vida y los vínculos comunitarios, porque fueron desarraigados y sus tierras y otros bienes quedaron como botín. Y culpa porque los sobrevivientes a veces, con frecuencia, se preguntan si tal vez lo que ocurrió no fue por su decisión de no salir de la tierra, por no obedecer los códigos de los guerreros, por no delatar a sus vecinos, por no entregar a sus hijos e hijas, por una multitud de razones que les genera vergüenza. De esta manera, por la humillación, la pérdida y la culpa, la guerra enterró el dolor en lo profundo de la vida de la gente, de los sobrevivientes.

Colombia, en pleno proceso de negociaciones de paz, con los ojos puestos en un futuro cercano sin guerra, tiene el desafío de pensar en una paz que cure el dolor para que la guerra no quede en los escombros de la vida interior de las personas afectadas, que son millones. Como en otras ocasiones las mujeres señalan el camino para toda la sociedad. Desde 2010 las mujeres de la Ruta Pacífica de las Mujeres construyeron pacientemente el registro de Memoria Histórica de las Mujeres, con el testimonio de más de mil mujeres que relataron, para vencer el olvido, lo que ellas y sus entornos familiares y comunitarios vivieron por actos criminales perpetrados por las partes del conflicto armado.

En abril la Ruta Pacífica de las Mujeres presentó el libro “El Camino de Vuela de la Memoria”, un ejercicio de transparencia y responsabilidad política con el cual devolvieron a las mujeres testimoniantes el contenido del Informe y sus historias de vida, para que la memoria sea de ellas, para que se sientan tenidas en cuenta y dignificadas. Como afirmó Carlos Martín Beristain, “es un libro que cuenta una verdad que no hace daño, es un relato que cura”. Y cura porque derrota el olvido, porque dice la verdad narrada por las víctimas, no por los victimarios.

En tiempos en los que se discute sobre las condiciones de la paz para el futuro la sociedad colombiana necesita recordar que por pasar la página de otros ciclos de violencia, con olvido y sin verdad, es que fue posible la degradación del conflicto armado del que apenas estamos intentando salir.

César Grajales, director nacional Diakonia Colombia.