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Foto: Gabriella Berglund

“He perdido el miedo a la muerte”.

Él es uno de los defensores de derechos humanos más amenazados en Colombia. Aun así,  frente a riesgos, violencia y amenazas, José Humberto Torres sigue su importante trabajo por un país más democrático y justo. Por su parte, el Estado colombiano sigue fallando en sus deberes hacia hombres y mujeres que defienden los derechos humanos.  

25/06/2015 Editor: Daniel Ogalde

José Humberto Torres, abogado defensor de derechos humanos de Barranquilla, viene acompañado por dos escoltas a nuestra cita. Por razones de seguridad nos vemos en la sede de la “Fundación Comité de Solidaridad con los Presos Políticos” (CSPP), la organización de derechos humanos más antigua, y más victimizada de Colombia. Desde su oficina blindada José Humberto Torres tiene una vista espectacular de las montañas nubladas de Bogotá, la ciudad donde hoy en día ejerce gran parte de su trabajo.

José lleva 35 años vinculado al comité y es uno de los defensores de derechos humanos que más experiencia tiene en Colombia. Su trabajo tiene un enfoque, entre otros, en la defensa judicial de prisioneros políticos y la representación de víctimas del paramilitarismo y de crímenes del Estado. Casi nunca ha perdido un caso y ha logrado condenar a varios parlamentarios y políticos por sus relaciones con el paramilitarismo, los ejemplos abundan: la condena al exdirector del “Departamento Administrativo de Seguridad” (DAS) Jorge Noguera y al exjefe paramilitar Edgar Ignacio Fierro Flórez por el asesinato del defensor de derechos humanos Alfredo Correa de Andreis en 2004 tal vez sea uno de los casos más conocidos. Como consecuencia de su carrera exitosa, José Humberto Torres también es uno de los defensores de derechos humanos más amenazados y perseguidos del país.

- A mucha gente, me refiero a sectores de ultraderecha y sobre todo a los perpetradores, no les gusta lo que hacemos. Hemos tenido amenazas que provienen de grupos paramilitares, de funcionarios públicos, de políticos involucrados con el paramilitarismo y la inteligencia militar. Las hemos recibidos desde tantos y diversas orillas que si hoy ocurriera lo que esperamos no ocurra no seria facial para las autoridades establecer el origen de la agresion

Condiciones contradictorias

- Hace 35 años era imposible hablar públicamente del tema de derechos humanos en Colombia, el trabajo lo desarrollabamos casi de forma clandestina. Es lamentable decirlo, pero muchas vidas debieron sacrificarse para que se reconociera la defensa de los derechos humanos como una labor legitima; en ese aspecto hay notables avances en Colombia, cada vez hay más personas que piensan que se tarta de una labor importante y escencial para la construcion de un estado social y democratico de derecho. Bien pudiera decir que en las actuales circunstancias los defensores y las defensoras de derechos humanos en Colombia tenemos, si se quiere, unas condiciones privilegiadas para el ejercicio de nuestra labor. Aun falta mucho por hacer en materia de porteccion, pero en comparación con otros países de America Latina; Colombia es el único país en la región que ofrece protección material a defensores de derechos humanos; ademas, en ningún otro país hay un nivel de interlocución con el gobierno tan alto como en Colombia.

Sin embargo, Colombia también es el país donde más agresiones se presentan contra quienes defienden los derechos humanos, trabajar con una organización no gubernamental de defesna de los derechos humanos en colombia implica a demas del alto riesgo percibir una remuneración poco atractiva, es mucho más baja que las que tiene cualquier empleado o funcionario con nivles de profesionalismo y experticia similar al nuestro.

- Cada día que nos involucramos más en nuestra labor los riesgos aumentan para cada uno de nosotros. Pero a pesar de esto, seguimos con el compromiso. Hacemos lo que hacemos no pensando en beneficios politicos, sociales o economicos o en el dinero, lo que hacemos lo hacemos por la convicción. Ante todo somos activistas, somos defensores de los derechos humanos. Siempre recuerdo a Facundo Cabral cuando dice que “tenemos el compromiso de la siembra y no el privilegio de la cosecha”, ese es uno de nuestros mantras nos lo repetimos día tras día.

Vivir bajo constantes amenazas

José Humberto Torres ha sido víctima de varios atentados y amenazas contra la vida, ha tenido que salir exiliado en varias ocasiones y ha tenido que confrontar procesos penales en su contra. Hubo un periodo cuando la situación era tan crítica que él y su familia tenían que mudar cada tres meses su lugar de residencia, desde el año 1999 cuentan con protección material gracias a las medidas cautelares peticonadas en su favor por la “Comisión Interamericana de Derechos Humanos”. Su casa está custodiada por unidades de la policía durante las 24 horas, José tiene nueve escoltas permanentes y tres camionetas blindadas que le acompañan. Sin embargo, según él, lo que necesitan los defensores de derechos humanos en Colombia no es protección material, sino protección política - garantías que les permitan desarrollar su labor sin la preocupación de que puedan ser objetos de atentados en cualquier lugar.

- La gente en el edificio donde vivimos se incomoda ver a los hombres armados y los vehículos fuera, y esto no me hace sentir bien. En cuanto a la vida social, es difícil mantener las relaciones con las amistades; por el temor muchas personas se alejan de ti, no las culpo creo tiene razones de peso. Por esa razon para nosotros, este tipo de protección, la material, en realidad es mas una complicación, que una solución, dice José Humberto Torres.

Un trabajo cargado de sacrificios

A pesar de eso, José siempre ha podido contar con el apoyo de su familia. Tiene cuatro hijos biológicos, ya todos mayores de edad, y una hija adoptada. Aunque los hijos han tenido una infancia bastante restringida, nunca se han quejado. Desde hace un par de años sus hijos también andan con escoltas y hace poco les tocó a José y su esposa, quien también está en el área de derechos humanos, sacar a sus hijos mayores del país. Aun así, nunca han tenido reclamos por parte de sus hijos. Pero esto no significa que ha sido fácil.

- Aunque siempre hemos tenido el apoyo de nuestros hijos, hoy confieso que me da mucha pena y a veces me duelo porque son jóvenes y como toda persona en la juventud desean a salir, ver y compartir con amigos, tener una vida social normal. Esta situación de inseguridad no es algo que han elegido mis hijos, sino algo que han heredado. Y siento que es mi culpa, dice José.

Un futuro bastante difícil

Son varios los retos que enfrentan defensores y defensoras de derechos humanos y las ONG:s en Colombia. José explica que el hecho de que el gobierno insiste en pretender que Colombia es un país de renta media alta tiene como consecuencia que la cooperación internacional hacia las ONG:s cada vez es menor y, eso se traduce en un debilitamiento de la sociedad civil y un fortalecimiento del Estado.

Según José, el gobierno tiene que avanzar en la adopción de políticas publicas sobre derechos humanos, hacer efectivo su disfrute, el que hasta ahora han sido letra muerta. Tiene que comprometerse más en lograr la adopción de un plan nacional de acción de derechos humanos, y emprender el cumplimiento de las recomendaciones que en esa materia le han sido formuladas de tiempo atrás por organismos intergubernamentales como Naciones Unidas. En cuanto al futuro, José no lo ve muy prometedor para los defensores de derechos humanos del país, las amenazas persisten, las estigmatizaciones son pan de cada dia, la impunidad campea y los asesiatos van en aumento.

- Nuestra visión y misión esta encaminada a que la gente en Colombia pueda ejercer su derecho a expresarse libremente, que puedan participar sin condicionamientos en las desiciones que los afectan, que sea posible acceder al poder pilitico sin el temor a peder su vida. Llegar a eso no va a ser fácil – habrá que transitar por muchos caminos y, lamentablemente, sacrificar muchas vidas.

Superar el miedo es fundamental

José se queda callado durante unos momentos, mirando por la ventana hacia las montañas.

- Mis amigos me preguntan cómo puedo seguir en mi tarea suicida, les digo que no, que no es una tarea suicida, de lo que se trata es de hacer propio el dolor ajeno y en consecuencia asumir como propia la exigibilidad y el respeto de sus derechos. Se como todos que tengo que morir algún día, y que podría ser en cualquier circunstancia en la vida. Tengo la convicción que el miedo a la muerte es uno de los peores enemigos que pueda tener un defensor de derechos humanos, con todo es preferible que la gente haga su labor con miedo a que deje de hacerla por miedo.

José dice que, cuando estaba en la universidad estudiando Derecho, nunca se imaginó que esto iba a ser tan difícil y tan duro. Nunca se imaginó que podría llegar a este nivel. Aun así, no se arrepiente.

- Este ha sido siempre mi proyecto de vida, yo nací para defender los derechos humanos y moriré defendiendo esa vocación, esa posibilidad de hacerlos efectivos. He logrado muchos triunfos y esto me llena de satisfacción y orgullo. Es un camino lleno de espinas, pero es mi camino. Creo que lo he transitado de la mejor manera, y espero seguirlo transitando. Se quién soy, cómo soy y hacia dónde quiero ir

 Texto: Gabriella Berglund