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Ninoska Rita Sánchez Reyes es una de las activistas de AMICA que trabaja por los derechos de las niñas y mujeres de Puerto Cabeza, Nicaragua.

"Aquí venden niñas por 20 dolares"

En Puerto Cabeza, Costa Caribe de Nicaragua, los barcos flotan entre las olas en espera de la pesca del día siguiente. La región, que se divide en dos municipios más grandes, constituye casi el cincuenta por ciento del país con muchas pequeñas comunidades y pueblitos. Pero la imagen paradisiaca tiene un lado oscuro. El que quiere puede aquí comprar una niña por solamente 20 dólares.  Cuanto más joven sea, más cuesta.

13/10/2015 Editor: Victoria Gillberg

"Una niña de menos de 10 años puede costar arriba de 30 dólares. Si tiene suerte la devuelven después de una semana. Algunas veces embarazada, pero siempre violada. Muchas nunca vuelven a ver sus familias.", dice Ninoska Rita Sánchez Reyes, activista en AMICA, coparte de Diakonia.

Es una opresión con una larga historia, donde tradiciones antiguas siguen muy fuertes en un ámbito envenenado de racismo, discriminación y pobreza, afectando a los más vulnerables como niños, niñas y mujeres. La población que consiste de primariamente Miskitos y Mayagnas, grupos indígenas que han vivido aquí cientos de años, tienen no solamente su propia cultura y costumbres pero también su propia lengua. Lo cual ha resultado en exclusión del resto de la sociedad.

“Tenemos niñas y mujeres que son víctimas de violencia, abusos y opresión en sus hogares y pueblos. Cuando al final huyen para buscar ayuda o cambiar sus vidas, se encuentran con racismo y prejuicios. Muchas cuentan de médicos que no les quiere dar atención, refugios de mujeres adonde el personal dicen que huelen mal o que son ladronas y que por no hablar español se les cierran muchas puertas.”, dice Ninoska.

La violencia sexual en un mundo machista

Como en muchos otros países latinos, Nicaragua se caracteriza por un machismo fuerte. Un contexto adonde las mujeres se ven más como comodidades que personas con derecho a opinar o decidir sobre sus cuerpos. La violencia sexual es algo muy extendido en la sociedad y un problema grave en los pueblos y comunidades pequeñas. Un problema que afecta a miles de niñas y mujeres.

”En muchas comunidades se considera normal que los hombres violen a las hijas. Puede ser el padre, el abuelo, el tío o hasta el hermano. Se considera un mal que se debe superar y además muchas niñas no lo aceptan.”, cuenta Ninoska y sigue.

”Recién tuvimos un caso con una niña de 13 años en un pueblo que le contó a nuestro activista que el papá le había estado violando desde los 9 años. Nosotros hicimos la denuncia, el padre fue detenido y nosotros empezamos a trabajar el caso. Lamentablemente la familia la presionó y el día del juicio le dijo al juez que no recordaba lo que había dicho. Todavía recuerdo sus últimas palabras antes que nos separáramos; “Si no estoy embarazada en tres meses es porque Dios es grande.” Hoy está viviendo con su padre.”

Un apoyo que ayuda a miles

AMICA es una de pocas organizaciones que trabaja la problemática en la región pero aunque han recibido apoyo de Diakonia desde 2003 falta mucho que hacer. Con el alcance limitado se está apoyando a 5000 niñas y mujeres en temas como derechos sexuales y reproductivos, derechos económicos y jurídicos y también estrategias para combatir la violencia contra las mujeres. Para una organización con tan pocos empleados es un esfuerzo que se nota no solamente en el trabajo pero también en la vida privada.

”Yo tengo tres hijas y estoy obligada a constantemente discutir con mi esposo sobre como criarlas. Mi marido quiere que mi hija mayor, que tiene 15 años, se vista de cierta manera y que se encargue del hogar cuando yo no estoy. Aprendemos desde chicas que todo lo que pasa en el hogar y con la familia se culpa a la mujer. Una mujer que se viste un poco atrevido tiene la culpa si la violan. Tenemos que romper con eso.”, dice Ninoska.

Un estado que falla a las mujeres

En Nicaragua los derechos de las mujeres siguen siendo un tema con prioridad baja en la sombra del machismo, la religión y la discriminación.

”Rechazadas por sus esposos, sus familias y cuando el estado no asume su responsabilidad, la alternativa es conseguirse otro marido y con eso más hijos y en peor caso la prostitución.”, dice Rodalina Gonzalez, ella también activista en AMICA.

Las pocas que tienen el coraje o la desesperación de desafiar la prohibición contra el aborto del país, arriesgan sus vidas cuando buscan ayuda con gente practicando ilegalmente. Son estructuras que han creado y siguen creando nuevas generaciones de pobres con madres solteras sin educación, trabajo o el apoyo de la sociedad. La mayoría de las mujeres trabajando en AMICA han ellas mismas sufrido la violencia que hoy combaten.

”Mi madre fue violada por su padrastro varios años. Tuvo seis hijos con él. Una vez la apuñaló sobre el estómago y casi la mató. Tenía 16 años. Ella me enseñó a ser independiente y fuerte, ser la mujer que soy hoy, una feminista. Yo misma fui víctima de una violación cuando tenía 15 años. Era un taxista que me atacó en su auto. Yo grite, pelee y (le) pegue lo más que pude. Finalmente logre escapar y corrí lo más rápido que pude.”, cuenta Rodalina Gonzales.

La lucha sigue

Los testigos son miles, pero los testimonios que nunca se escuchan son muchos más. Un fuerte contraste a lo que los pocos turistas que visitan Puerto Cabeza, ven. Una oscuridad que tiene sus estrellas de esperanza gracias a la lucha de unas pocas mujeres y hombres.

”Hay esperanza. Nosotros ayudamos a niñas y mujeres. Me doy cuenta que mi hija se defiende. Claro que es difícil pero me alegra cuando veo que ella vive su vida como ella quiere. Todos tenemos el derechos de a vivir con dignidad y respeto.” finaliza Ninoska.